Como en todos los lugares a los que llegamos por primera vez, la decisión fue descubrir los rincones significativos de Colón. Entre sus calles principales, 12 de Abril es la más importante y comercial; la conocimos de día con su movimiento incesante de autos y personas. A la noche, nos pareció distinta; muy iluminada por la presencia de bares, pubs, pizzerías y tiendas con las mejores etiquetas que marcan tendencia. En verano, su sector peatonal no descansa; una cena rápida, saborear un helado o una cerveza son excusas para encontrarse con amigos y charlar un rato.

También el complejo termal inserto en la planta urbana forma parte de la actualidad colonense. Las cualidades de sus aguas estimulan y revitalizan las funciones del organismo y son motivo suficiente para llegar hasta ellas y disfrutar de sus diez piletas con distintas temperaturas.

La amabilidad de su gente y la cercanía con los puntos emblemáticos permiten palpar en unas pocas horas todo lo que ofrece la ciudad, tanto de día como de noche.

Le dedicamos un tiempo a un recorrido histórico que cuenta cómo fueron los inicios y a qué se debió la prosperidad económica de la aldea primitiva.

Llegamos hasta el puerto, donde aún se encuentran vestigios de los edificios del barrio construido a mediados del siglo XIX. En los barcos no solo llegaban los inmigrantes (mayoritariamente italianos) sino que también partían los productos que se elaboraban en estas tierras. Ejemplo de ello es el magnífico inmueble que fuera sala de espera de la estación fluvial y que hoy funciona como sede de la dirección municipal de turismo.

Mientras contemplábamos lanchas y veleros en movimiento con sus coloridos velámenes, tratamos de ubicar el viejo muelle de madera, que habíamos visto en una fotografía antigua. Solo queda de él la nostalgia de su importancia en tiempos pasados.

Frente a la plaza San Martín era imprescindible visitar un comercio de artesanías locales realizadas con gran variedad de materiales. Funciona en una antigua construcción colonial sin ochava que aún conserva su fachada. Allí alguna vez se alojó el general Justo J. de Urquiza.

 

Por siempre Colón Entre Rios

Entre los atractivos que no pierden vigencia se encuentran sus extensas y espaciosas playas de arena blanca al lado del río Uruguay. Los distintos balnearios se disputan con sus servicios a los miles de turistas que llegan cada temporada para conocer sus casi 10 kilómetros de longitud.

Averiguamos acerca del Carnaval de las Palmas, que en Colón cuenta con su propio corso. Año tras año mantiene su alegría y brillo, el colorido de trajes con plumas y lentejuelas y baile popular en las calles. Sus comparsas y carrozas compiten tanto en la localidad como en las vecinas, haciendo de esta fiesta una tradición entrerriana.

Quizá lo que más sobresalió de nuestra visita fue conocer la hermosa avenida costanera y el parque Quiroz. Unidos, constituyen un mirador privilegiado de la inmensidad costera, al que se agregan fuentes y escalinatas imponentes.

Es el escenario ideal para una caminata al amanecer o atardecer, cuando el calor amaina, el perfume de la vegetación se impone y los verdes de los árboles y palmeras se recortan sobre las aguas del río Uruguay. En el camino, encontramos el clásico hotel Quirinale, producto del despegue turístico de la localidad.

De noche, el Puente Internacional José G. Artigas o De la Amistad marca su presencia. Su longitud e iluminación duplican su perfil al reflejarse en el río, un marco espléndido para los paseos de verano. Este paso conecta con la ciudad uruguaya de Paysandú.

Quizá se nos quedó algo en el tintero que no hayamos descubierto, pero lo esencial no pasó inadvertido por nuestro carácter andariego.